lunes, 19 de febrero de 2007

La gran aventura del desafío humano

En 1910, con 42 años, Robert Falcon Scott afrontaba por segunda vez su aventura antártica. Junto al Dr. Wilson, el teniente Bowers, el contramaestre Edgar Evans y el capitán Oates, alcanzaban, al fin, el polo Sur, el 12 de enero de 1912, apenas un mes después de que lo hiciese por primera vez el explorador noruego Roald Amundsen. Su dramático regreso, en el que murieron sin alcanzar la meta final, apenas a 20 km del refugio en el que tenían gran cantidad de provisiones, forma parte, junto con el resto de la exploración, de una de las aventuras polares de mayor desafío humano en la historia moderna.

Años más tarde, en 1922, aprovechando la memoria escrita que supusieron los diarios encontrados junto a los cuerpos, seis meses después de la tragedia, Apsley Cherry Garrard escribe el que ha sido reconocido como el mejor libro de travesía jamás escrito; su título, "El Peor Viaje del Mundo". El joven "Cherry", que formó parte de la expedición de Scott, tras ser dos veces rechazado en el proceso de reclutamiento, dedicó buena parte de los pensamientos de su vida a reflexionar sobre la expedición al Polo Sur. Pero, más allá de su atormentado existir, con el recuerdo de la pérdida de sus buenos amigos, en especial Wilson y Bowers, Cherry Garrard nos dejó el relato de la búsqueda de un ideal, de la relevancia del reto individual y de cómo la aventura de la vida se puede describir de una manera tan simple como intensa, tan retadora como incomprensible, en el reconocimiento del valor de "un simple huevo de pingüino".

Este blog pretende ser un espacio de compromiso con las ideas, en el que podamos declarar nuestras más firmes convicciones desde la pasión, desde la importancia que tiene para nosotros reconocer que las grandes hazañas se encuentran en realidad en el recobeco de la indulgencia, de la libertad de decidir lo que tiene sentido para un grupo de leales camaradas, para mí, a pesar de que, en muchas ocasiones, sólo sea con el paso de la historia cuando los demás entiendan que alcanzar aquella meta bien meréció aquella empresa.

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